Fue en ese
matrimonio donde yo te dije que me gustaba ser tu amiga,
que dejaste de ser mi amigo. No me acuerdo bien si eran los zapatos o mis
ovarios los que me dolían de forma razonable, pero sí me acuerdo que tu bigote me
daba cosquillas sin tocarlos. No se si supe desde un principio que
terminaríamos tomando mucho consomé y que cuando sonara la canción que me gusta
estarías solo en un rincón, yo te buscaba lo admito. Los velos de la novia no
se comparaban con el rococó de tus zapatos puntiagudos y tu caminar al calse del pantalón, yo sé que algo volaban a tu alrededor pero no recuerdo bien si era azul o rojo. Pasaban las horas del meloso momento y no podía mirar
como los novios de torta bailaban el vals, sin saber si te sonreías o te daba lo mismo. Te busqué con la vista y sonreías con vergüenza y ternura juntas, lo supe porque es la misma cara de "ternuvergüeanza" que nunca olvido.
Cuando nos chocamos en la barra supe que no bailaríamos y me dio pena, y es que
a todos se les ocurre invitar con pareja cuando los matrimonios son una de las
oportunidades más visibles de encontrar el destellito, pues andamos pasados a espíritu santo y flores de noche.
Mucho canapé y pisco sour me hicieron pensar que nos
volveríamos a ver en otro matricidio.
6 comentarios:
Hola querida.
Espero sea el primer comentario de muchos (si no son muchos, no eres tú... soy yo).
muy buen cuento me topé pasando por aquí.
Te puedo decir pilar?? (jajaja)
Bueno Bueno!! espero mas!
Que bueno que guestee!! vendrán muchos más!! <3
Que lindo! Muy sensible, muy verdadero
te felicito
GRACIAS SABRINA!!!! UN BESOTE!!!
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