A pocos días de autos con bocina y a muchas gotas de sur caído, vuelvo a sentirme como niña de orfanato. Es una simple desesperanza llena de esperanza, el encanto de un lago que parece mar y de una casa que pareciera que nos merece.
En el sur la magia si que es mágica, y no es que la gente camine sobre el agua tipo "Dark Angel", más bien se hunden en ella por las lluvias que parecieran ser de mayo y son tan típicas de finales de enero; donde los días se vuelven a limpiar para recibir a los turistas de febrero.
Echo demenos el lunar de un mozuelo y me duermo de tanto pestañear de sueño. Desde mi ventana no veo más que agua e imágenes de mi supuesto futuro, y es que me siento como Papelucho, flaco y somnoliento, débil fuera de su cuerpo pero fuerte en sus dibujos mentales llenos de pájaros con ruedas y Ovnis submarinos.
Tengo un sombrero que no he usado y una playa que se burla de nuestras ganas de piqueros, pero no me quejo, no me quejo de las vagas reflexiones, de la cocina a leña y del juego "palitos chinos", no me quejo de oler a mi familia.
(por contarles una de las formas que tengo para reconocer a los mas míos; con perfume o sin, siempre sé que son míos).
No me quejo de buscar el relajo en el cariño de los brazos y del lago que entra tanto en mis ojos que me los moja. Me parece que comer sopaipillas en verano está bien, está bien tener frío de vez en cuando porque es la única forma de acordarse de que es lo que te abriga.
Me gusta el sur de inviernos veraniegos y me gustan los verdes que se ven por acá, porque no están en la paleta de colores de mi computador.
Mi Mamá sigue leyendo "La suma de los días" como un dejavu y de vez en cuando vigila al cielo pidiéndoles que se abra, y es que a mi Mamá le gustan los días lindos como a todas las Mamás.
Pienso que al final de la tarde los árboles se aterrorizaran con el olor a leña quemada y finalmente un árbol fornido y juvenil le dirá al cielo que se abra porque no quiere convertirse en leña rumiante, aunque si esta fábula no funciona seguiremos siendo felices con las luces tenues, los parajes que pocos verán, el pancito con palta del que me acuerdo a las 6 de la tarde y el aire que te acaricia el pelo y mágicamente te lo "principesca".
Dicen que mañana sale el sol y yo voy a echar mucho demenos la lluvia, pero jamás le pondré mala cara al lago cuando por fin pueda tocar sus piedritas y sienta nuevamente el nervio de pisar una estrella de mar.
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