hay muchos caminos por los que Dios puede llevarnos a la soledad y conducirnos con nosotros mismos. Uno de ellos recorrió conmigo por entonces. Fue como un mal sueño. Me veo avanzar a través de largas noches de borrachera y cinismo, por un camino feo y sucio, hay sueños así, en los que yendo al palacio de la princesa encantada se queda uno atascado en una callejuela inmunda y maloliente. así me paso a mi y fue tal e proceso nada bello que me estaba destinado para llegar a la soledad e interponer entre el paraíso de mi niñez y yo una puerta vedada, defendida por dos resplandecientes guardias implacables. fue un comienzo, un despertar a la nostalgia de mi mismo.
(Hermann Hess)
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